COYOTE vs ACME: Optimismo de la derrota
1.- Cuando tenía quince o o dieciséis años un amigo del instituto que dibujaba muy bien hizo una ilustración en la que se veía a El Coyote sentado en una mesa comiéndo los restos del Correcaminos. Llevaba una servilleta que ponía "Ya está bien de tonterías". Durante muchos años ese dibujo (o quizás una fotocopia del mismo) estuvo colgado en mi habitación de adolescente junto a posters de La Guerra de las Galaxias y pegatinas de todo tipo que decoraban el armario de mi habitación.
La dinámica de El Coyote y El Correcaminos es una experiencia pura de goce cinético. Sus piezas cortas, compuestas de cuatro elementos inamovibles: Perseguido, perseguidor, artefacto y fracaso extendieron las capacidades del slapstick hasta el territorio de lo fantástico. El Coyote es un criatura de goma infinita capaz de recibir toneladas de daño no letal para deleite de nuestros sentidos.
Esa alquimia perfecta, puro goce de la acción en movimiento, se convierte en tema filosófico y político en "El Coyote vs ACME" y quizás por eso la película de Dave Green tiene dentro un corazón tan grande y es capaz de conjurar emociones tan intensas en medio de un artefacto de diversión pura.
2..- En la dinámica de la violencia salvaje de las piezas de los Looney Tunes hay una iconoclastia liberadora y gamberra que la emparenta de alguna forma con el punk. Es sencilla, es directa, es rápida y arrolladora y construye un caos estructurado que apunta al orden horizontal de lo que es posible y al orden vertical del poder. La película recoge esa idea y la convierte en una fábula contra el corporativismo depredador del siglo XXI (con un recado animalista cercano al de Guardianes de la Galaxia. No en vano James Gunn es una de las cabezas pensantes detrás de este proyecto)
ACME sirve así como metáfora perfecta de tantas cosas que están mal en este mundo, pero muy especialmente de un proceso de deshumanización y destrucción de la empatía en nombre de la libertad acelerado por la repetición. La pelícua nos viene a decir que el dolor de los dibus vale menos que el de los demás porque les pasa a menudo, les pasa muy rápido y están acostumbrados. Y no es que la película esté lanzando pistas sutiles al respecto. Es literalmente lo que vemos en pantalla.
Para hacerlo todo más claro e interesante no tenemos aquí un conflicto entre dibus y humanos, sino entre depredadores y depredados, explotadores y explotados, ganadores y perdedores.
3.- Por tanto, la película opone dos nociones de libertad. Una basada en el ingenio anárquico, salvaje y destructivo con la estructuras de dominio que representa el Coyote y otra basada en la acumulación de poder y explotación que representa ACME. Y también dos modalidades de relación. Las instrumentales del poder y las que funda la complicidad y la amistad de quién se enfrenta a él.
Así, la película no es una oda a la resistencia del fracaso, sino al optimismo detrás de cada nuevo intento por destruir el orden establecido y la confianza inquebrantable de que la vida es mejor así, fracasando y volviendo a levantarse, que en la peor forma de status quo posible. Perder no es perder si por el camino ganas amigos y te haces más fuerte. Porque la película nunca dice que las derrotas lleven al punto de partida, siempre partes de un lugar mejor al que tenías al empezar. Luchar sirve. Es un mensaje que no podría ser más adecuado para nuestro presente.
4.- Pero ninguna película se sostendría sólo con mensajes, por eso El Coyote Vs ACME es goce puro. La forma de los gags visuales que inhundan la pantalla, la manera en la que la narración utiliza el lore de las producciones de Looney Tunes de una manera siempre inteligente, sin estorbar a la historia y constrruyendo una mística metatextual que no entorpece en nada la narración y la velocidad a la que se suceden gags hilarantes en las que el espacio y el tiempo parecen contrarse y expandirse con el único objetivo de hacernos reir, hacen de la película una experiencia que recupera una forma de inocencia que también nos dice algo sobre lo que necesitamos en el tiempo en el que estamos viviendo. Es la película sobre fracasados menos "doomer" de la historia.
Nada funcionaría tan bien si la convicción de la película como historia de juicios al estilo Better Call Saul (viendo la película se diría que si la serie no existiera esta película sería simplemente otra cosa) no estuviera a la altura de la convicción que demostraba ¿Quién Engañó a Roger Rabbit? cuando entraba en el terreno del Cine Negro.
La rebeldía juvenil tiene el ansia y la velocidad del "ya está bien de tonterías", la rebeldía adulta consiste en mantener el optimismo y seguir cogiendo la dinamita cada mañana sabiendo que el Correcaminos corre siempre más que tú.