Algunas cosas sobre este "No a la Guerra"

Algunas cosas sobre este "No a la Guerra"
Imagen del "Espejo de Arquimedes".

La posición del gobierno de España es coherente con su historia reciente, Es la derecha la que se encuentra desubicada en este momento histórico. Somos un país que arrastra aún las heridas y los traumas de la Guerra Civil, en el que generaciones y generaciones han enseñado a los suyos que nada tiene más valor cómo vivir en paz. Somos el país que se movilizó contra la OTAN llegando a forzar un referendum en 1986. El país que tumbó el gobierno de Jose Maria Aznar hace más de 20 años precisamente por una guerra muy similar a esta (ilegal, con la cobertura de atacar a un tirano, alimentada de mentiras, etc.) Y somos el país que se ha movilizado con enorme intensidad por los derechos del pueblo Palestino, llegando a desarrollar actos de desobediencia civil masivos en eventos deportivos o que se ha retirado de competiciones como Eurovisión. Ese hilo pasa de generación en generación y se actualiza hoy.

La posición del gobierno de España no se entiende sin esa cultura que funda un pueblo pacifista que es más amplio que el pueblo progresista que apoyó la investidura de Pedro Sanchez. Por eso estos días Feijóo tiene una posición tan erratica y complicada, porque sabe que sus propios votantes no quieren la guerra y no les gusta Donald Trump. A la vez, no se entiende la posición sin una situación de debilidad de Sanchez. Debilidad parlamentaria producida por Junts, fundamentalmente, que ha pasado de ser una fuerza de negociación a una de bloqueo, pero también por un sucesivo abandono de ciertas bases socialistas que han asumido como inevitable la derrota en las próximas eleciones de 2027 y que distinguen perfectamente a Pedro Sánchez, de El PSOE.

Estamos en un momento de liderazgos. La revitalización de Sanchez es también una mayor disociación (cada vez mayor) entre Moncloa y el PSOE. Frente al meme "izquierder" del "You have been PSOE´d", enesima demostración de impotencia política y goce de la derrota, lo que estamos viviendo es una auténtica Perromania internacional. Estamos en el momento de los liderazgos. También lo demuestra la iniciativa de Gabriel Rufián sacudiendo de una patada el espacio a la izquierda del PSOE, sin el que es totalmente imposible renovar el gobierno. Las caracterización de los líderazgos en figuras individuales muy por encima de sus organizaciones está en perfecta sintonía con el momento político y el dominio absoluto de las plataformas de contenidos digital. Explica también a Trump, Mileo o a Mamdani. La izquierda, bien curtida en los dramas derivados de los liderazgos carismáticos lleva años analizando los límites de esta propuesta, pero no a encontrado aún nada que los supere. En el mejor de los casos (Mamdani) se trata de una propuesta de ida y vuelta entre liderazgo carismático y organización en la vida cotidiana.

El problema político del presente no es tener posición, es sostenerla. La velocidad a la que se mueven los shocks dificulta mucho mantener la atención. Estamos ante un rechazo a la guerra que no tiene un movimiento aún. Hay emociones, sentimientos, memes, pero aún no hay cuerpos juntos en la calle. Quizás no los haya. Ojalá si. Aunque los hubiera, todo es demasiado rápido. ¿Recordamos Venezuela? Apenas. Es dificil mantener la atención y la saturación cognitiva nos lleva a activarnos emoccionalmente con la misma velocidad con la que nos desactivamos después. La persistencia es elemento más importante sobre el que tenemos que trabajar. Y quizás para persistir hay que dar un salto un poco más grande. Estar contra la guerra hoy es estar contra el Trumpismo y su propuesta de mundo. Por tanto, es construir otra.

Hay que desplegar otro mundo antagónico al del Trumpismo. Frente al dominio unilateral de los EEUU, el dominio multilateral de las instituciones internacionales, soberanía europea e independencia a todos los niveles, pero fundamentalmente en tres ejes: El de género, el energético y el tecnológico. Al machismo pedófilo agresor sexual de Trump el feminismo abierto, inclusivo, queer y desafíante del 8M. No podemos ganar en esta pelea contra la guerra sin soberanía en el ámbitos tecnológico y renovable. Renovables, electrificación, civilización solar frente a fascismo fósi Trumpista y tecnología europea, redes sociales federadas, normas contra el odio, interoperabilidad para romper los monopolios digitales (seguiremos hablando de esto) Y un internacionalismo efectivo. Muchos fascistas se reían de la iniciativa de la fragata para romper el bloqueo del genocidio palestino, pero ese tipo de medidas harían más por los jóvenes y las mujeres iraníes que cualquier bomba.

Pero sobre todo y por encima de todo. No sirve de mucho estar contra la guerra en marzo de 2026 y perder las elecciones antes el PP y Vox en 2027. Porque un gobierno PP-Vox es una delegación del gobierno de la guerra de Trump. No hay ninguna duda al respecto. Lo hemos visto estos días. Para ganar hacen falta cuatro cosas. La primera es creer que es posible. Lo es. Cuanto más se recudrezcan las políticas del Trumpismo (y lo harán, hasta llegar noviembre y las MidTerm, dónde es muy posible que la democracia norteamericana tal y cómo la hemos conocido se termine) más gente verá que necesitamos otros gobiernos en el conjunto del planeta, pero eso no será suficiente. La segunda cuestión es que el pueblo español no sufra las consecuencia de una guerra que no ha elegido y para eso el gobierno tiene que ser efectivo, contudente y ambicioso desplegando un escudo social que proteja a la poblaación. Tercera cuestión. No será suficiente votar contra lo que hay. Vivimos en un país polarizado. La tensión de la guerra no será suficiente. Tampoco servirá repetir los éxitos del gobierno (indudables, objetivos, mesurables) Necesitamos abordar lo que falta. Y lo que falta es la vivienda y el coste de la vida. Sin esas dos piezas no habrá gobierno.

El punto cuarto para ganar es que la izquierda componga un frente popular, amplio y diverso. Cuanto más grande mejor y cuanto más inclusivo mejor. Es un buen momento para que el PSOE crea que es suficiente con mejorar resultados a costa de su izquierda aunque por el camino se pierda el gobierno. Eso es lo contrario de construir este "no a la guerra" de manera efectiva, pero no depende del PSOE. Esa solución siempre estará como plan B. Un PSOE fuera fuera del gobierno. El Plan A de cualquier persona progresista y de izquierdas es garantizar la revalidación del gobierno cubriendo el flanco que nos toca cubrar. Liderazgos, ambición programática, inclusividad, innovación y ganas de ganar. Por ahí.